martes, 8 de abril de 2008

Más allá de la fuerza, hay otra fuerza. Donde la gente danza y explican las piedras sus costumbres. No podemos verlo, ni tú ni yo; somos impureza. Nuestros nombres apenas explican el origen de los cuerpos. Las calles no viven en ese lugar; son cerros altos que encierran canciones y misterios. Más allá de todo, yo pido la cercanía de tu rostro, las noticias de tus imágenes, porque el cartero no llega a traerme tu voz desde lejos.

Qué puedo hacer yo con mis palabras, no las puedo convertir en hombres para que esposen tus manos, y te devuelvan, porque todo pasa despacio en mi despoblado corazón. Yo no puedo convertirte en mi mujer de un día a otro. Ni puedo pedirte perdón desde un hogar sin huesos. Debes entenderlo perfectamente, y si mi tristeza se prolonga, también. Porque de ti provienen las yerbas amargas y las lluvias.

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